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III Jornadas Bolbochán

 

El acto de apertura de estas III Jornadas se llevó a cabo en la sala de ajedrez del Club Atlético Banfield, en las que más de una treintena de personas, degustaron un pequeño lunch, recorrieron la exposición  de pinturas y artículos periodísticos (con abundante fotografía) de la década 1950 y participaron de un muy interesante debate alrededor de la figura de don Julio y del ajedrez argentino, tomando parte del mismo, Gustavo Salaberry y Marcelo Castelli por el CAB, junto con los lic. Hernán Cereijo (Ciencia Política), Alejandro Margetic (Filosofía), el Maestro Fide  Fernando Pedró y el presidente de la Federación Argentina de Ajedrez, prof. Nicolás Barrera.

Entre el material se destacaban los números iniciales de la revista Ajedrez de la desaparecida editorial Sopena, Tiempo Deportivo y el único número en la que la famosa revista El Gráfico, dedicó su tapa al ajedrez.

Además de resaltar los valores humanos, deportivos y pedagógicos, los expositores trataron de adentrarse en el fenómeno del ajedrez durante la década de 1950, encontrando la génesis de este fenómeno en toda la tarea anterior desplegada por varios mecenas y dirigentes como Pérez Mendoza (el segundo presidente del Club Argentino de Ajedrez), la difusión de base del ajedrez que levaron a cabo los ajedrecistas inmigrantes en clubes, cafés, centros políticos, bibliotecas, etc.. El match Alekhine-Capablanca de 1927 y la Copa de las Naciones de 1939, aceleraron un proceso que terminó desembocando en los resultados conseguidos en 1950, destacando el apoyo estatal que acompañó la primera parte de este proceso. Fernando Pedró aportó varios datos interesantes al respecto, señalando que Panno y Najdorf gozaban de un prestigio social a la altura de cualquier estrella del espectáculo o de otros deportes. Los ajedrecistas que se quedaron en el país tras la Copa de Las Nacioness se mezclaron con los excelentes ajedrecistas que había en el país, provocando un crecimiento muy importante. En este contexto, Julio Bolbochán y también su hermano mayor Jacobo( y posteriormente en Córdoba, Erich Eliskases) , desplegaron un importante tarea de enseñanza que otros miembros de esta gloriosa camada no realizaron. Aunque su fuerza ajedrecística era considerable, Don Julio mantuvo un perfil bajo, pero realizó esa tarea importantísima (la de transmitir conocimientos a las generaciones siguientes) cuestión que para el profesor Barrera, lo ubica en lo más alto del ajedrez argentino,(el continuador del legado de Roberto Grau) cosa que muchos de los presentes respaldaron. Hablar de la Escuela Argentina, (que aún hoy mantiene un prestigio mundial), es hablar de Julio Bolbochán.

Quedó flotando en el ambiente, el porqué del posterior descenso y aquí el aporte del apasionado investigador Pedró fue muy significativo: 1954 fue un año complicado para el país y esto repercutió en el ajedrez, dado que tras el importante suceso que representó (pese a la derrota 20.5 a 11.5) en el match Rusia-Argentina, que se sumaba a otros logros, la situación cambio. La programada Copa de las Naciones a celebrarse en Buenos Aires en 1954, fue cancelada a pocos días de su comienzo, realizándose posteriormente en Amsterdam, en la que Argentina tuvo otra destacada actuación (2do detrás de la URSS). Varios elementos pueden explicar este quiebre: desde la imposibilidad de enfrentar exitosamente a la URSS, pasando porque el ajedrez era tradicionalmente una actividad desarrollada por las clases altas (que se opusieron al peronismo) o porque el ajedrez era el refugio de socialistas, anarquistas y otras corrientes de izquierda desde su crecimiento en los años 1930-40 y 50. El apoyo a partir de entonces pasó a ser más personal, lo cual hizo que la situación se transformara significativamente.

Posteriormente se debatió acerca del rol de los distintos sectores que intervienen en el ajedrez, resaltando que el ajedrez es una actividad que permitió y permite la socialización y la inclusión y que es necesario fortalecer las instituciones para permitir que esto continúe, además de romper con escasa solidaridad y la falta de compromiso que demuestran algunos sectores para continuar la masificación y la proyección de los jóvenes valores a alturas comparables a las que alcanzaron los integrantes de la generación de 1950, tratando de conseguir el apoyo de los organismos estatales y sectores privados.